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¿PRIMA LA INSENSATEZ HUMANA SOBRE SU INTELIGENCIA?

Foto del escritor: janielpembertyescr
janielpembertyescr
29 jun 2025
5 min de lectura

PRIMERA PARTE

LAS ABRUMADORAS DIMENSIONES DE NUESTRA PEQUEÑEZ



Acaso porque la ciencia nos ha venido revelando la pasmosa edad y las asombrosas dimensiones del universo, aunque sin encontrar rastros de seres tan inteligentes o más de lo que supuestamente somos nosotros, hemos venido cayendo en la cuenta de la importancia de nuestro planeta tierra, así como de lo descorazonadoramente insignificantes que somos ante el cosmos. Hasta hace muy poco nos veníamos consolando con el cuento de que el sol, y en consecuencia el universo, giraban en torno a la tierra por ser nosotros los elegidos del Dios de los católicos y por lo mismo presencias grandilocuentes en la vastedad infinita. Pero la ciencia nos ha venido demostrando tan anodinos en un brazo de una entre aproximadamente 100 mil millones de galaxias, y las distancias del espacio interestelar son tan abrumadoras, que casi anhelamos que en alguno de los planetas tan habitables como el nuestro, descubiertos recientemente allende las galaxias, haya vida inteligente que nos permita comprobar si en realidad somos la cima de la pirámide evolutiva o que tengan la fórmula para salvarnos de nosotros mismos. Porque si recordamos que la materia visible del cosmos está conformada aquí y en las galaxias más remotas por carbono, el gran posibilitador de la vida, podemos adherirnos a la hipótesis pagana de que sin dudas hay vida más allá de nuestras narices. De todas maneras, con esa seguridad o sin ella, las dimensiones del universo hacen nuestra soledad cósmica agobiante.

A nuestros ojos somos el milagro mayor de esa cadena que llamamos vida y que solo conocemos aquí, en la tierra. Sin embargo, el panorama y el paisaje creado como especie superior, hablan de un milagro muy precario.

Desconocemos, por ejemplo, nuestro grado de inteligencia en la escala de la creación por más que seamos capaces de deducir y probar que dos más dos son cuatro. Desconocemos si en realidad somos tan inteligentes como creemos serlo o si solo tenemos el talento requerido para utilizar el mundo de acuerdo a nuestros intereses o si nuestro entendimiento es tan miope que nos impide comprender la heterogénea inteligencia de las otras criaturas que pueblan la tierra. Nos creemos únicos, los reyes de la creación y si acaso hemos dejado de creerlo seguimos actuando como si lo fuéramos.

Abrumados desde los albores de la especie por el desconocimiento de nuestro origen y nuestro destino hemos echado mano de religiones, creencias y doctrinas pregoneras de un más allá feliz y que toman a este mundo como un fraude a la verdad de que somos ángeles caídos ganándonos, a golpe de dolor y desapego, el derecho de recuperar la divinidad que echamos a perder cuando cometimos la barbaridad de querer igualarnos o ser más grandes que Dios. ¿Por qué si éramos seres angelicales, si gozábamos de la divinidad, la divinidad señores, ¿lo han dimensionado bien?, nos dio por ser iguales al creador? Nadie lo sabe. ¿Qué prurito dañino, absurdo, estúpido nos llevó a semejante calaverada? Eso es pura fábula, dicen los impíos. Cuentos para llenar el vacío de una pregunta que no tiene respuesta, rematan. También, tratando de llenar ese vacío, no falta quien nos crea seres de otros mundos enviados a este planeta, un lugar de castigo imponderable, a purgar las equivocaciones a que nos llevó la ignorancia en nuestros respectivos mundos. Sea como sea, los mortales humanos concuerdan en su gran mayoría en que este planeta es un lugar de martirios, donde la felicidad, el más caro don creado por nuestra fantasía, es un espejismo. Pero esto no es más que historia sagrada, dirá alguien. Y tiene razón.

Porque estábamos hablando del universo y de nuestra insignificancia ante él. Porque por lo menos a mí me sobrecoge una aplastante sensación de nimiedad cuando recuerdo, según la ciencia, que la Vía Láctea, a la que pertenecemos los humanos -anotación casi innecesaria dados los avances de la información- es una galaxia de tamaño mediano donde se aglutinan de doscientos a cuatrocientos mil millones de estrellas y a la cual un viajero podría atravesar de un extremo a otro en unos 150.000 años luz. Siempre he tenido la tentación de traducir semejante cifra a kilómetros y mi ignorancia matemática por poco me hace perder en las nebulosas del entendimiento. Y para que no dudemos de las súper dimensiones del cosmos, algunos científicos consideran que en cifras elementales y dejando a un lado si es plano o esférico o si es o no infinito, contiene unos 100.000 millones de galaxias y que recorrerlo de uno a otro extremo llevaría a un viajero unos 93.000 millones de años luz. Escalofriante, ¿verdad? La lectura de estas cifras y el surgimiento de ¿por qué y para qué carajos estamos aquí?, es casi inmediato. ¿A esa inmensidad quién la rige? ¿Dios? ¿Ella misma? ¿O ella es Dios?

Vayamos por partes. ¿Será por nuestra pequeñez que somos tan miopes ante la realidad? Desde cuando me supe un ángel caído, un ángel imperfecto -y dejemos a un lado la discusión de que si Dios es perfecto no puede crear seres imperfectos porque su perfección se lo impediría- desde que supe eso vengo especulando que los seres humanos somos juguetes de Dios y creados por él para sobrellevar la eternidad sin aburrimiento. Pero además desde entonces no he dejado de preguntarme: ¿Estamos viviendo, o estamos inmersos en un sueño parecido a la vida? ¿A cuál vida? Porque si esto no es la vida, ¿qué es esto y qué es la vida entonces? Y olviden, para evitar una nueva especulación, la llamada vida eterna.

No me he sumergido en temas tan espinosos, debatidos e insolubles por puro gusto. Nada de eso. Ni lo hago por ser practicante de tal o cual culto o porque esté alineado en tal corriente de pensamiento, pues a estas alturas de la vida por poco no creo ni en mí mismo. Lo hago para tratar de encontrarle sentido a una duda que llevo dentro desde que tengo uso de razón, que no es metafísica, y que creo se asimila a la de muchos de ustedes.

Como la historia de la caída no satisface a todo el mundo vayamos entonces a la ciencia y zambullámonos en el entramado de la evolución, que nos admite imperfectos, descendientes del mono, abrumados por los instintos y nos explica como un animal más, tan de carne y hueso como la pantera o la golondrina, solo que con la capacidad de matarlos o hacerlos prisioneros sin que ellos lo intuyan o entiendan el porqué. Que nos explica como animales evolucionados, pero animales al fin. Porque nuestra conducta es de una animalidad pasmosa por más que nos declaremos seres racionales. Respondemos a los estímulos más primarios de manera instintiva. A veces nos sobrepasan la cólera, la inseguridad y el miedo más allá de toda lógica y razón… Pero pensamos y ellos no, argumentará usted. Verdad, pensamos. Acaso como animales porque nuestra facultad de pensar podría compararse a la cazadora o a la de construir un nido de ellos, pues son contados los seres humanos que la usan para fines superiores. Ah, pero nosotros sabemos de la muerte, de la trascendencia, de la superación y ellos no. Cierto. O talvez no cierto. Carecemos de la inteligencia necesaria para saber si ellos a su modo conocen a la muerte, la trascendencia o la superación. No lo sabemos. Ellos en todo caso, agregará usted, carecen del complejo lenguaje que poseemos los hombres y que nos ha hecho tan singulares. Quizá tiene razón de nuevo. Sin embargo, el lenguaje tan simple de ellos les permite comunicarse de manera muy acorde con sus necesidades de comunicación, que a nuestros ojos son bien pocas.

Habiendo llegado a este punto déjeme hacerle una pregunta. ¿Por qué si estamos dotados de tan maravillosas herramientas nuestra historia como especie demuestra una tan precaria solidaridad de unos para con otros y una tan lamentable insensibilidad con nuestro planeta tierra y sus pobladores de “menor categoría”?


 
 
 

2 comentarios


LUCAS ARANGO TREJOS
LUCAS ARANGO TREJOS
08 jul 2025

Papá, me parece increíble, y que a pesar de que ya haya visto decenas de teorías sobre nuestra existencia, tú la pones más clara. ¿Qué somos y por qué solo nosotros? Para mi cerebrito de 15 años, digo que no estamos solos, porque ese dios tan insignificante que nos creó a nosotros solo debió crear más vida inteligente en su vida. O si no fue así, todos los 1.000.000.000.000.000.000.000.000 planetas, o 1 septillón de planetas y más, ¿solo nosotros? Es una bobada completa que solo nosotros, ni siquiera somos una civilización tipo 1, ni 0. Para llegar a la tipo 1 necesitamos como 100 o a lo mejor 300 años. Por ahí debe haber más, y estoy seguro, pero mientras,…


😀
😀

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valentina A T
valentina A T
08 jul 2025

Maravillosa reflexión papi escritor! Es un escrito muy profundo sobre la condición humana, sobre nuestro lugar en el universo y la relación entre nuestra inteligencia y nuestra conducta en este mismo.

El escrito tiene mucha profundidad y originalidad, está muy bien organizado y tiene las ideas claras, mucha coherencia.

Te felicito padre. Todo lo que haces lo haces magnífico.

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